Crónica; la muerte de un hincha de millonarios
Una muerte inesperada
El futbol para muchos de nosotros es un deporte de táctica, técnica y físico, sin embargo para un hincha es mucho más que eso; es una pasión en la que se reúnen cantos, gritos y saltos para acompañar a su equipo favorito, equipo por el que se da la vida y el alma por el que se sufre y se goza en cada partido.
"Juegue donde juegue hay que dejar la vida y el corazón" frases como estas van incluidas en sus cantos y también en sus vidas.
Nos alistábamos para ir al partido millonarios contra Pereira, todo parecía transcurrir normal. Nos reunimos unos pocos por que era un día entre semana y algunos trabajaban o estudiaban, en realidad éramos cuatro y recuerdo que nos fuimos por dos mil en un bus, cuando llevábamos cinco minutos de recorrido me percate que era miércoles, en ese entonces en el ala solar del concejo de Bogota se reunían los hinchas de nacional, el club mas odiado por la afición millonaria. Al pensar dicha situación se paso por la cabeza bajarnos del bus, pero la verdad era que no llevábamos completo ni para la boleta entonces optamos por quedarnos en el bus, lo que en realidad fue la peor decisión tomada.
Nelson parra estudiante de quinto semestre de ingeniería industrial nos cuenta como en sus manos murió Andrés Porras ese amigo, ese "parcero" como dice el. Andrés y Nelson ingresaron a la barra brava de millonarios desde los doce años, los acogió "el parche la pk" un grupo de jóvenes con formas de pensar diferentes, pero con el mismo amor y la misma pasión por el equipo, ellos crecieron con esta forma en particular de vivir, alentando a su equipo y dando la vida por el.
Nos sentimos muy confiados, pensamos que podrimos tener un partido normal al cual se asistía con mucha tranquilidad pero que en realidad fue un error. Cuando pasábamos por la carrera treinta con trece, empezamos a ver que había uno que otro hincha de nacional pero pues poca importancia prestaban al paso del bus y mucho menos a los ocupantes del mismo, el bus seguía su ruta con mucha tranquilidad se subían y bajaban pasajeros, Pero fue distinto cuando nos acercábamos a la carrera treinta con calle veintiséis, para ser mas exacto a la clínica San Pedro Claver.
En ese momento se bajaron tres pasajeros que ocupaban la silla de los músicos, es decir las sillas de atrás, en ese momento decidimos pasarnos a esos puestos ya que el bus se llenaba y nosotros estábamos próximos a bajarnos, pero no nos dimo cuenta de la cantidad de hinchas de nacional que se encontraban allí.
Ese día Andrés y yo queríamos ir al partido, pero nos encontrábamos sin un solo peso, todo el día lo pasamos tratando de buscar dinero por lo menos para los buses y al fin y al cabo fue eso lo que conseguimos, si acaso nos sobraban quinientos pesos, apenas para empezar el retaque.
Cuando nos levantamos para pasarnos atrás, los hinchas de nacional se percataron de nuestra presencia dentro del bus la cual nos afano, Sebastian otro amigo que estaba con nosotros se dirigió al conductor a pedirle que cerrara las puestas que se iban a subir lo cual no pareció impórtale mucho, ya que cerro la puerta de atrás pero dejo subir otros pocos por delante no recuerdo cuantos eran seis o siete talvez. Lo único que corría por nuestras cabezas era defendernos, pero como decimos nosotros, nos cogieron manos abajo no llevábamos ningún tipo de arma íbamos para un partido como ya lo había mencionado relativamente tranquilo.
Aunque no teníamos problemas específicos, en algunos momentos teníamos que cargar hasta con puñales, pues en el cuento de ser hincha de un equipo aunque no lo quieras convives con esto diariamente, pero este fue el día en que pensamos que nuestras vidas iban a ser normales, en que simplemente veríamos un partido de nuestro millos y regresaríamos a casa sin ningún percance, pero no fue así.
Nos arrinconaron por así decirlo, tenían cuchillos tan grandes que nos dejaron sin palabras, empezaron a pedirnos las cosas, pero como buen "barra brava" ninguno nos dejábamos quitar y mucho menos golpear, hasta que optaron por utilizar las lanzas que traían, fue hay donde sentimos el miedo, el rigor de la situación, ese miedo que todo ser humano siente pero que muchos no somos capaces de aceptar.
Al parcero, a Andrés lo arrinconaron aparte de nosotros empezaron a quitarle la camiseta pero cuando llegaron a quitarle el canguro el no lo quiso entregar, en ese momento le empezaron a puntear las piernas, como cuando quieres hacerle agujeros a la madera, supongo que la profundidad de ese puntazo o de esos puntazos porque fueron muchos empezaron a cambiar el semblante de Andrés, claro, después de que lo vieron pálido pasajeros interfirieron y el conductor con un tubo se metió a defendernos, todos con el afán de bajar Andrés no nos percatamos de que los hinchas de nacional se habían bajado. Andrés se encontraba muy mal, quería cerrar los ojos, supongo que desmayarse y pues era obvio había perdido mucha sangre.
El conductor busco rápidamente una patrulla de policía, aunque habían muchos hinchas de nacional por el lugar, en ese momento sacamos valor y nos importo poco o nada que estuvieran ubicados casi en la entrada del la San Pedro Claver.
Se pasaban muchas cosas por mi cabeza, ¿Por qué arrancamos si no había ni para la boleta? ¿Por qué no cogimos otra ruta? Bueno pero ya no era momento de pensar eso, mi parcero se ponía cada vez peor más pálido, casi morado y mi responsabilidad y compromiso de amigo era llevarlo, ingresarlo a esa clínica.
Cuando logramos ingresar a la sala de urgencias ya fue demasiado tarde. El socio se nos fue, quedamos con el vacío de no poder hacer nada, no pudimos salvar Andrés y tampoco pudimos hacer nada por vengar la muerte del amigo, del socio, del parcero porque aunque ya lo habíamos perdido, no queríamos perder esa lucha, esa pelea.
Andrés de 18 años era estudiante de tercer semestre de ingeniería de sistemas en la Universidad Distrital, hijo de una familia humilde que vivía al sur de Bogota, como el, muchos hinchas no solo de millonarios, nacional o santafe mueren a manos del equipo contrario.
Natalia Velandia

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